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¿Por qué corro?

Es algo que me llevo preguntando desde hace más de veinte años cuando cerca ya de cumplir los cincuenta, un buen día y siguiendo el ejemplo de dos de mis hermanos me puse a correr; primero alternando paseos con carreritas muy cortas y poco a poco sumando tiempo y distancia hasta poder apuntarme a algunas carreras populares que en una ciudad como Madrid proliferan por doquier.

Recientemente y leyendo el libro El Arte de Correr, escrito por la italiana Andrea Marcolongo, ( Editorial Taurus) he encontrado la respuesta a mi pregunta; según la autora “ el acto de correr tiene que ver para mí algo que ver con mi terror a envejecer”” ; “me empeño en correr porque es la manera más concreta y eficaz de sentirme viva …. Dicho con otra palabras, corro porque tengo miedo a morir”.

Reflexionando sobre ello creo que yo también tomé la decisión de correr ya iniciada mi madurez, porque me daba cuenta de que empezaba a ser mayor y tenía la impresión de que la falta de actividad iba a contribuir a acelerar mi obsolescencia y decrepitud. De esta manera y con el peaje añadido de ser víctima durante estos cuatro lustros de algunas lesiones ( fascitis plantar, neuroma de Morton, fascia lata…) me he sentido y siento cada vez que, con gran voluntad y esfuerzo me pongo a correr, que mi organismo se revitaliza y me incrementa la ilusión y las ganas por vivir.

Resulta una paradoja difícil de comprender que a ciertas edades, el gran esfuerzo físico que supone correr, pueda después procurarte una sensación tan inmensa de bienestar. En mi madurez ya no trato de conseguir determinados tiempos y de irme superando en ellos a medida que los entrenos puedan ser más intensos y especializados; no, en absoluto…; con los años, la felicidad y satisfacción que me proporciona el correr, está en cumplir los objetivos que en cuanto a distancia me haya establecido; el tiempo pasa a un segundo plano, pues no tiene para mí ninguna interés especial conseguir determinadas marcas, mientras que si considero muy importante no superar los ritmos cardiacos preestablecidos. Correr exige mucho de nuestro organismo y no resulta nada conveniente someterlo, especialmente a partir de cierta edad, a sobre esfuerzos excesivos.

Mi actual motivación es correr una siguiente media maratón: a lo largo del año me programo dos medias maratones fuera de la ciudad en la que vivo; de esa manera me obligo a mantener la forma preparando la siguiente carrera y de otra me estimula también el pasar un buen fin de semana en un lugar que no conozco .

Correr con el devenir de los años, me ayuda a estar mucho más ágil y a sentirme bien, a tener una sensación de bienestar y plenitud, y a aumentar mi capacidad de disfrutar la vida.

Francisco Javier Monedero

Articulo publicado en “Espacio Deporte Magazine” – 15, que puedes descargar aquí

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