11 - El arte de congelar el movimiento

El arte de congelar el movimiento

Hablamos con Lucia Benaisa y fotógrafa deportiva profesional desde hace más de diez años. Lleguó a la fotografía casi por casualidad, pero lo que empezó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una vocación y, con el tiempo, en una profesión. Se formó académicamente y muy pronto descubrió que el deporte le atrapaba de una manera distinta a cualquier otra disciplina. 

Vive en Pamplona y en 2021 tomó una de las decisiones más importantes de su vida profesional: se hizo autónoma en un momento complicado, lleno de incertidumbre, pero también de aprendizaje. Dar ese paso significó asumir muchos riesgos; no fue impulsivo, pero sí valiente. Ha habido momentos de duda y de cansancio, pero también de enorme satisfacción personal, nos cuenta. Convertir su pasión en su forma de vida fue el primer paso para construir la fotógrafa que es hoy. 

En el deporte todo es inmediato e imprevisible. Combina movimiento, emoción y narrativa en un solo momento, y eso le permite trabajar con una rapidez creativa que otros estilos no ofrecen. Se siente cómoda en entornos de acción, donde todo sucede rápido y no hay margen para el error. Le cautiva capturar ese momento único que, además de ser visualmente impactante, transmite lo que siente el deportista y lo que ocurre a su alrededor. Esa mezcla de adrenalina, estética e impacto fue lo que le llevó a dedicarme profesionalmente a la fotografía deportiva. A partir de ese momento, no ha dejado de buscar nuevas formas de contar historias a través de sus imágenes. Cada fotografía es un reto y, al mismo tiempo, una oportunidad para emocionar y conectar con quien la ve. 

¿Recuerdas cuál fue la primera foto deportiva que hiciste y pensaste «esto es lo mío”? 

No hubo una foto concreta, fue más bien una sensación. Me di cuenta de que disfrutaba más estando en un evento deportivo que en cualquier otro tipo de sesión. Podía vivir la acción, la tensión y la adrenalina desde dentro, algo que me enganchó de una forma casi adictiva, y con el tiempo esa “droga” se convirtió en mi profesión. 

Algo que sí recuerdo con claridad fue la primera vez que vi una fotografía que se salía de lo habitual. No era la típica imagen de prensa que solo informa del resultado; tenía un enfoque artístico, capturaba la emoción real del momento y contaba una historia más profunda. Recuerdo pensar: “Esto es lo que quiero hacer”. Desde entonces, supe que la fotografía deportiva no solo era un trabajo, sino algo que marcaría el resto de mi vida. 

¿Qué tiene el deporte que no tenga el paisaje o el retrato para que decidas dedicarle tu tiempo? 

El deporte no se puede controlar. Todo ocurre una sola vez y no hay segundas oportunidades. A diferencia de otras disciplinas, dependes completamente de lo que sucede delante de ti: es pura improvisación, adaptación y toma de decisiones en milésimas de segundo. Para mí, eso es muchísimo más estimulante y creativo que trabajar con escenas preparadas. 

Cada evento es distinto. Incluso repitiendo el mismo circuito o la misma pista de hielo, los gestos, la luz, el ambiente y la energía nunca son iguales. El deporte te obliga a estar presente, con la mente despierta, a buscar planos que aún no se han visto y a detectar detalles que cuentan la historia completa del momento. Esa combinación de adaptación y creatividad constante es lo que hace que cada sesión sea un reto diferente. 

¿Cómo ha evolucionado tu mirada desde que empezaste hasta hoy? 

Al principio te obsesionas mucho por controlar y dominar todos los aspectos técnicos que es lo que te enseñan en la escuela y te da seguridad, pero con el tiempo vas interiorizando estos conceptos y al final dejan de ser tu prioridad a la hora de disparar. Entonces es cuando empieza lo divertido, la parte artística; la que transmite y emociona. 

Hoy mi mirada está mucho más enfocada en en todo lo que hay detrás de la imagen. Me interesan los gestos, las expresiones, la tensión o alegría, incluso los detalles que duran apenas un segundo. He aprendido a anticipar lo que puede pasar y a buscar imágenes que conecten emocionalmente con quien las mira. Ahora disparo pensando más en lo que se siente que en lo que se ve, buscando fotografías que sigan vivas incluso después de terminar el evento. 

¿Qué buscas ahora en una foto que antes pasabas por alto? 

Mi intención no es solo informar, sino crear imágenes que puedan ser reinterpretadas por quien las mira, que provoquen una emoción o un recuerdo propio. No me interesa solo que la foto “muestre” lo que pasó; quiero que evoque sensaciones, que cuente una historia incluso a quien no estaba allí. 

Disparo para emocionar y provocar una reacción en el espectador, no simplemente para documentar. Busco la autenticidad, los detalles que a primera vista podrían pasar desapercibidos, y la atmósfera que lo rodea. Una buena fotografía deportiva no solo muestra lo ocurrido, sino que logra transmitir cómo se vivió, y eso es lo que me interesa capturar ahora, aquello que no se ve detrás del movimiento. La intención es que quien la mire pueda sumergirse en ella y sentir lo que sucedió. Cada imagen que elijo publicar tiene que tener esa función, aunque sea solo un segundo, no quiero que mis fotos sean solo información: quiero que sean experiencia. 

Vemos en tu perfil de Instagram, que cubres motociclismo, hockey hielo, entre otros. ¿Por qué estos deportes en concreto?
Nunca he sido una persona común, así que era difícil que acabara eligiendo una disciplina convencional. La fotografía deportiva ya es de por sí un terreno muy específico y, en el caso de las mujeres, todavía más minoritario. Por mi entorno he estado más en contacto con el motociclismo que con otro tipo de deportes, lo que me ha permitido desarrollar experiencia y confianza en circuitos. Para mí representa emoción, velocidad, libertad, adrenalina y valentía. 

El hockey hielo fue un descubrimiento inesperado que llegó buscando nuevas oportunidades y desarrollo profesional. Gracias a la colaboración de las delegadas del CHH Huarte pude acceder a este deporte, y me fascinó desde el primer momento. El juego en equipo, la velocidad, el contacto, la estrategia y la estética visual del hielo me cautivaron por completo. 

Ambos deportes me permiten experimentar con composición, narrativa y emoción de maneras muy distintas, y eso me motiva a seguir aprendiendo y evolucionando como fotógrafa. 

¿Hay algún otro deporte que te gustaría fotografiar y aún no has podido? ¿Por qué? 

Desde muy pequeña siempre he sido una fiel seguidora de los Juegos Olímpicos, y algunas disciplinas siempre me han llamado especialmente la atención, como los saltos de trampolín. La precisión, la tensión previa al salto, el vuelo y la estética combinados con el agua me parecen realmente interesantes. Me encantaría tener la oportunidad algún día de fotografiar este deporte. 

Hay dos deportes que todavía tengo pendientes, no solo por la técnica que requieren, sino por el reto que suponen a nivel artístico y de composición: el waterpolo y el kayak. El waterpolo me atrae por su plasticidad y la forma en que el agua interactúa con los jugadores, mientras que el kayak añade además la belleza del entorno natural donde se practica, permitiendo unir acción y paisaje de una manera única. 

El curling siempre me había provocado curiosidad, pero este año tuve la suerte de presenciar una concentración de la Federación Española en la pista de hielo de Jaca. En esa ocasión pude experimentar con algo nuevo y obtuve resultados muy interesantes que me dejaron con ganas de seguir explorando este deporte. 

Creo que cada disciplina tiene una belleza distinta, y siempre me motiva descubrir nuevas formas de contar historias a través de la fotografía. 

Sin entrar en tecnicismos aburridos, ¿cuál es tu configuración o equipo de confianza para un día de acción? (Cuerpo, objetivo fetiche…).
Mi flujo de trabajo se divide principalmente entre motociclismo y hockey hielo, y cada uno requiere un enfoque diferente. 

Disparo con un cuerpo veterano pero fiable, como es la Canon 1DX Mark II. En motociclismo normalmente trabajo con un angular que utilizo en boxes, parrilla o parque cerrado, y un teleobjetivo para la acción en pista. Mi objetivo fetiche en este campo, es el Canon 400mm f/2.8, aunque por ahora debo conformarme con mi Canon 70-200mm f/2.8. 

En hockey, lo más importante son los objetivos luminosos. Utilizo un angular para retratos, banquillo y ambiente, y un teleobjetivo para la acción en pista. La prioridad es capturar la rapidez del juego sin perder detalles de luz y expresión o elementos. 

En ambos casos, lo que quiero es que el equipo me permita concentrarme en lo que ocurre para contar la historia, sin preocuparme por limitaciones técnicas. 

¿Cuál es tu mayor enemigo ahí fuera? ¿La falta de luz, la velocidad impredecible de los deportistas, el clima…? Cuéntanos cómo lidias con ello. 

Siempre he creído que el mayor enemigo de un artista no está “ahí fuera” sino dentro de uno mismo. 

Cuando trabajas en deportes de motor, el principal reto al que te enfrentas es la gran distancia a la que transcurre la acción, por lo tanto el mayor problema acaba estando directamente relacionado con el equipo fotográfico que utilizas. Además, los agentes externos influyen en muchas ocasiones ya que desarrollamos la actividad al aire libre; por lo que las inclemencias del tiempo a veces pueden ser positivas o negativas. Aun con todo, me encantan los días de lluvia, aunque exige paciencia y buena protección para el equipo; bien gestionada, aporta un toque muy artístico a la imagen. 

En hockey la historia cambia considerablemente, la mayor dificultad es la luz. Por lo general las pistas españolas tienen una iluminación muy escasa con tonalidades de color muy distintas según la zona de juego. A eso se suman los cristales, los cuales generan una gran pérdida de calidad si tienen marcas, condensación o reflejos, lo que supone un reto añadido para conseguir un buen resultado. 

Al fin y al cabo, la clave es adaptarse rápido, buscar soluciones y no perder el enfoque en lo que quieres transmitir. 

Detrás de una gran foto suele haber una historia que no se ve. ¿Nos puedes contar alguna anécdota curiosa, divertida o tensa que te haya pasado buscando «la foto perfecta»? 

He vivido situaciones de todo tipo, desde muy tensas hasta surrealistas. Una de las más duras de mi carrera fue romperme cuatro costillas trabajando, lo que demuestra hasta qué punto este oficio también implica riesgo físico. Pero también recuerdo con especial cariño que mi primera foto la compró un piloto de motociclismo profesional, algo que me indico que estaba en el camino correcto. 

Momentos de presión extrema, frustración, victoria o derrota, tanto en el paddock como en el banquillo, me enseñaron que una buena fotografía no nace solo del conocimiento técnico, sino de la capacidad de observar, respetar y entender lo que ocurre delante de ti, incluso cuando todo sucede muy rápido. Ahí es donde más me interesa estar como fotógrafa, porque las emociones son reales y no se pueden fingir. 

Con el tiempo he entendido que muchas de esas situaciones son las que terminan definiendo tu identidad como profesional. “Aquí no siempre gana la imagen técnicamente perfecta, sino la que consigue estar en el lugar adecuado en el momento justo.” 

Si tuvieras que elegir UNA sola foto de tu portfolio que defina quién eres como fotógrafa, ¿cuál sería y por qué? 

No podría elegir una única imagen concreta sería tremendamente difícil e injusto para el resto, pero sí tengo muy claro qué tipo de foto me define. Aquella capaz de conseguir que una persona externa al deporte la colgara en el salón de su casa. Para mí, eso es la prueba de que la fotografía ha trascendido lo puramente deportivo y se ha convertido en una imagen con valor estético y emocional, capaz de llegar al espectador. Si consigo eso, siento que estoy haciendo bien mi trabajo. 

¿Qué consejo le darías a alguien que tiene una cámara y le gusta el deporte, pero no se atreve a ir a un evento a hacer fotos? mandaras 10 o 12 fotos en alta calidad para dar color y contexto a la entrevista 

A aquellas personas que quieren iniciarse en la fotografía deportiva les voy a dar tres consejos. 

  • No esperes a sentirte preparado. La única manera de aprender es estar allí, vivir la acción y
    cometer errores. Al principio puede dar miedo, pero cada intento te enseña algo nuevo. La experiencia se gana disparando, adaptándose y observando constantemente; con el tiempo, esos primeros temores desaparecen. La fotografía deportiva exige paciencia y constancia pero te coloca en lugares donde pasan cosas reales, intensas y humanas.
  • No te compares constantemente. Cada fotógrafo tiene su propio ritmo, su camino y su manera de mirar. Es mucho más útil centrar tu esfuerzo en aprender y observar a otros profesionales para construir una voz propia poco a poco.
  • Respeta tu trabajo y la profesión. Valórate y valora a los demás profesionales, porque dignificar la fotografía deportiva empieza por uno mismo.

Gracias Lucía Benaisa por compartir con nosotros tu tra- yectoria, tu mirada única el arte de capturar el instante. Tu testimonio no solo nos descubre la esencia de la fotografía deportiva —donde la técnica, la intuición y la emoción con- vergen—, sino que también transmites el coraje y la determi- nación necesarios para convertir una pasión en una profe- sión.

Desde aquella primera sensación en un evento deportivo hasta la búsqueda constante de imágenes que cuenten his- torias y provoquen emociones, Lucía nos ha mostrado que detrás de cada disparo hay una artista que piensa, siente y anticipa. Su capacidad para adaptarse a deportes tan dis- tintos como el motociclismo y el hockey hielo, y su interés por explorar nuevas disciplinas, reflejan una curiosidad y un compromiso que son el motor de su evolución.

Para conocer más sobre su trabajo podéis acceder a sus

Redes Sociales.

Instagram – @malaber73

TikTok – @benaisaphotography

Articulo publicado en “Espacio Deporte Magazine” – 15, que puedes descargar aquí

SI TE A GUSTADO Comparte