Seguro que te ha pasado. Es sábado por la mañana, toca partido o sesión intensa de pesas, y ves como un compañero saca de la mochila una lata brillante, de colores eléctricos. Suena el clac del abridor y, en tres tragos, se mete entre pecho y espalda medio litro de un líquido que promete convertirlo en una máquina.
Desde COPPEL health & sports, vemos esta escena a diario. Las bebidas energéticas se han colado en nuestras rutinas con una fuerza increíble. Pero, ¿realmente nos ayudan a dar ese salto de calidad o estamos jugando con fuego? Vamos a analizarlo con calma, quitando el envoltorio del marketing y mirando qué hay de verdad tras tanta cafeína.
De las fábricas de Japón al «postureo» del gimnasio
No es algo nuevo, aunque ahora parezca una plaga. Todo empezó en los años sesenta en Japón. Allí, los trabajadores que hacían jornadas maratonianas necesitaban algo que los mantuviera en pie. Fue en 1987 cuando estas bebidas explotarón en Europa con la llegada de Red Bull. Desde entonces, el crecimiento ha sido una locura.
Hoy vas a cualquier gasolinera o supermercado en España y tienes estanterías enteras con marcas como Monster, Burn o Rockstar. ¿El truco? Han sabido venderse muy bien. Se han asociado a los deportes extremos, al riesgo y a esa imagen de «vibrar» de energía. El mensaje es directo: si bebes esto, serás más rápido, más fuerte y aguantarás más. Pero la ciencia, esa que no entiende de patrocinios, empieza a torcer el gesto.
¿Qué estamos bebiendo de verdad?
Si te pones a leer la letra pequeña de una lata (que casi hace falta lupa), te encuentras un cóctel curioso. Lo principal es el agua, el azúcar en grandes cantidades y la cafeína.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) es clara: estas bebidas son refrescos con un chute de cafeína enorme. Normalmente, hablamos de unos 32 miligramos por cada cien mililitros. Si te bebes una lata de 250 ml, es como si te tomaras un café bien cargado. Pero ojo, que la moda ahora son los «latones» de medio litro, y ahí la cosa se pone seria.
Luego está el tema del azúcar. Una lata normal lleva unos 30 gramos. Para que te hagas una idea, la OMS dice que no deberíamos pasar de 25 gramos al día. Con un par de tragos, ya te has pasado de frenada. Y si hablamos de las de 500 ml, te estás metiendo 60 gramos de azúcar, una auténtica bomba para tu páncreas.
¿Y la taurina? Ese nombre que suena tan potente no es más que un aminoácido que nuestro cuerpo ya fabrica. Las marcas le añaden una versión sintética y dicen que mejora la mente y el cuerpo, pero la EFSA (la autoridad europea de seguridad alimentaria) dice que no hay pruebas de que eso sea así en las cantidades que llevan estas latas. Es más un gancho comercial que otra cosa.
¿Mejora el rendimiento? Lo que dicen los estudios
Aquí viene la parte que nos interesa como deportistas. ¿Sirven para algo? La respuesta corta es que sí, pero con muchos «peros».
Investigadores de la Universidad Camilo José Cela hicieron un experimento con deportistas de élite (fútbol, tenis, natación…). Les dieron el equivalente a tres latas antes de competir y midieron todo con GPS. ¿El resultado? El rendimiento subió entre un 3% y un 7%. Los jugadores de basket saltaban más, los tenistas pegaban más fuerte y los nadadores bajaban sus tiempos.
Hasta aquí, parece un chollo. Pero claro, ese pequeño empujón tiene un precio. Los mismos deportistas sufrieron insomnio, nerviosismo y peor descanso esa noche. Al final, lo que ganaste por un lado lo perdiste en la recuperación, que es donde realmente se construye el músculo y la forma física.
La responsable de todo esto es la cafeína. Desde 2004 ya no está en la lista de sustancias prohibidas, así que es legal. Ayuda a que el cansancio te pese menos (lo reduce un 5,6% aproximadamente), pero la clave es la dosis. Entre 3 y 6 miligramos por cada kilo que peses. Si te pasas, ya no rindes más, solo consigues que el corazón se te ponga a mil y que te tiemblen las manos.
El gran error: No son bebidas para hidratarse
Este es el punto donde más gente mete la pata en el gimnasio o en la pista de pádel. Una bebida energética NO es una bebida isotónica.
Si tienes sed, bebe agua. Si has sudado mucho, una isotónica. Pero usar una energética para quitarte la sed durante un partido es ir directo a la deshidratación y a un posible dolor de barriga.
Los riesgos que nadie te cuenta en el anuncio
No queremos ser alarmistas, pero en COPPEL health & sports creemos que la información es poder. La Universidad de Medellín revisó 60 estudios y la conclusión fue que, aunque el beneficio deportivo es pequeño, los riesgos son reales.
El peligro en los más jóvenes
Esto nos preocupa especialmente. Los adolescentes están bebiendo esto como si fuera agua. Sus cuerpos aún se están formando y son mucho más sensibles. Un adolescente de 15 años que se toma una lata de 500 ml está superando por mucho los límites de seguridad de cafeína. En países como Dinamarca o Francia ya se han puesto serios con este tema, limitando su venta a menores. Aquí, aunque hay advertencias en el bote, cualquiera puede comprarlas. Por el momento.
Alternativas naturales: Volver a lo básico
Si lo que buscas es ese «punch» antes de entrenar, no necesitas un laboratorio en una lata. Hay opciones mucho más sanas y baratas:
Nuestra hoja de ruta para ti
Si después de leer esto decides que vas a seguir tomando alguna de vez en cuando, hazlo con cabeza. Aquí tienes nuestros consejos:
Veredicto final
Las bebidas energéticas son un producto de marketing brillante, pero un aliado deportivo bastante mediocre para el usuario medio. Ese 3-7% de mejora que prometen no vale la pena si el precio es una noche en vela, taquicardias o problemas metabólicos a la larga.
En el mundo del deporte, los atajos químicos rara vez funcionan. Lo que de verdad te va a hacer rendir más es la constancia, una dieta equilibrada y saber cuándo parar para que el cuerpo se recupere. Al final del día, tu corazón y tu rendimiento te agradecerán que elijas el agua o un buen café antes que una lata de colores neón.
Antonio Fernández-Coppel
CEO – Director Ejecutivo de Coppel Heath & Sports
Articulo publicado en “Espacio Deporte Magazine” – 16, que puedes descargar aquí